El código secreto del investigador

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El código secreto del investigador

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Por: Joshelyn Paredes Zavala,  Investigadora UCSM

Todo gran investigador tiene un código secreto. Ellos nunca lo mencionan – porque es secreto – pero su éxito indudablemente deriva de dicho código. Mi nombre es Joshelyn Paredes, soy docente e investigadora de la Universidad Católica de Santa María y mediante estas líneas compartiré con ustedes parte de mi código secreto, aquellas memorables lecciones que mi corta trayectoria haciendo investigación me ha permitido aprender.

Quiero comenzar diciendo que un país sin investigación es un país sin desarrollo. ¿Pero que hace falta para emprender el camino correcto? La falta de financiamiento y recursos, la falta de acceso a la información científica, la coyuntura organizacional de las instituciones de investigación, entre otros, son problemas latentes e importantes, pero no pretendo hablar de ellos. Por el contrario, considero aún más urgente abordar los mensajes que deben transmitirse a estudiantes y docentes/investigadores nóveles, no sin antes ser honesta en reconocer que no tengo todas las respuestas. Me gustaría que la respuesta fuera fácil. Ojalá pudiera decirles a mis estudiantes que dedicarse a la investigación será sencillo, que crean en ellos mismos, y que corran el riesgo; y que hacerlo me asegure que se adueñarán de su propio éxito, pero es mucho más complejo que eso. Sin embargo, al culminar este artículo espero haberlos motivado a embarcarse en la aventura de explorar nuevas ideas y olvidar los límites que los detienen y apartan de su propia grandeza.

¡Comencemos!

  1. Encuentra aquello en lo que verdaderamente crees, aquello que te apasiona

Los mejores proyectos de investigación empiezan al descubrir no el ‘qué’ o el ‘cómo’ sino el ‘por qué’. Y con ‘por qué’ no me refiero a crear conocimiento, eso es un resultado, me refiero a ‘¿cuál es el propósito?’, ‘¿cuál es la motivación?’, ‘¿cuál es la inspiración?’.

Mi trayectoria en investigación comenzó precisamente descubriendo mi ‘por qué’, mucho antes incluso de tomar la decisión de estudiar Ingeniería Biotecnológica en la UCSM. Desde muy pequeña las ciencias atrajeron mi atención, entender y explicar lo desconocido o complicado se convirtió en mi reto favorito, la etapa de armarlo y desarmarlo todo sumaron varias canas en mis padres y la idea de descubrir algo, más de una noche me quitó el sueño.

Años más tarde comencé la carrera persiguiendo un ideal, que mi trabajo fuera capaz de generar un impacto positivo. Conforme avanzaba, fui interesándome por los recursos genéticos en relación a su conservación y mejoramiento. No comprendía porque siendo uno de los países más megadiversos del mundo, no solo no se protegía adecuadamente ni se le daba valor agregado a nuestra biodiversidad, sino que permitíamos el robo de especies nativas y patentes para el uso exclusivo en el extranjero de nuestros productos autóctonos.

Fue así que al terminar mi sexto semestre realicé mi primera pasantía de investigación en el Laboratorio de Ingeniería Genética y Biotecnología de la Universidad Ricardo Palma, a cargo de uno de los miembros fundadores de PeruBiotec, primera y más importante Asociación para el Desarrollo de la Biotecnología, donde desarrollé técnicas de cultivo in vitro de tejidos vegetales para especies nacionales de gran importancia comercial.

El último semestre de carrera lo realicé en la ciudad de Lima, formando parte del equipo de investigación del área de Conservación y Caracterización de Recursos Genéticos del Centro Internacional de la Papa, institución líder en investigación y uno de los más grandes bancos de germoplasma a nivel internacional. Durante mi estancia, la investigación e innovación usando recursos genéticos permitieron el desarrollo de proyectos de empoderamiento, reducción de pobreza, seguridad alimentaria, equidad, entre otros.

Seis meses sumamente enriquecedores habían transcurrido, cuando llegó la invitación para trabajar en el Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional Agraria La Molina, en las áreas de Biotecnología Molecular e Industrial, donde no solo tuve la oportunidad de trabajar con investigadores de amplia trayectoria sino de realizar mi tesis de pregrado, relacionada a la capacidad anticancerígena de metabolitos secundarios de tubérculos andinos, bajo el financiamiento de la Universidad Federal do Pará (Brasil) y la Université Catholique de Lovain (Bélgica).

Más allá de saber que quería y como lo lograría, sabía porque quería hacerlo. Considero que el éxito en cada una de dichas experiencias se debió a que todas tuvieron un fin ulterior, el cual trasciende el ego del investigador y se enfoca en la capacidad de generar un cambio o impacto positivo en la sociedad o el entorno, y esto para mí fue crucial, pues nada fue hecho por obligación, más sí por convicción.

Así que empiecen, empiecen por encontrar una idea en la que crean, un producto por el que apuesten, una causa que realmente defiendan, porque no solo los inspirará a ustedes, sino que ustedes a su vez serán también fuente de inspiración para otros.

  1. Corre riesgos, explora

Salir de la zona de confort no es sencillo, sin embargo, embarcarse en nuevas aventuras, asumir nuevos retos, explorar nuevos territorios, y arriesgarse a ganar, para mí, constituye la esencia de la vida.

Uno de los puntos más importantes en mi código es saber cuándo iniciar nuevos capítulos. Aprendí que, si llegaba el día en que ya no despertara con la emoción de hacer lo que estaba por hacer, era momento de cerrar ese capítulo e iniciar uno nuevo.

Cuatro años de muchísimo crecimiento y aprendizaje transcurrieron, era muy buena en lo que hacía, pero me sentía incompleta. Llego un momento en que el laboratorio ya no era suficiente. Fue entonces cuando supe que había llegado el momento emprender una nueva aventura. Ya tenía experiencia en ciencia e ingeniería, pero sentía curiosidad por explorar la otra cara de la moneda, el enfoque social y de gestión. Fue así como llegué a Australia y estudié una Maestría en Gestión Ambiental en la Universidad de New South Wales, universidad posicionada entre las 50 mejores a nivel mundial. Hacerlo ha sido la experiencia más gratificante, pues no solo tuve la oportunidad de trabajar con investigadores de talla internacional sino también de verme inmersa en un ambiente multicultural y aprender de las diferentes realidades, pensamientos, perspectivas, tradiciones e ideales.

El nivel de rigurosidad y exigencia indudablemente es muchísimo más alto, y pone a prueba tu capacidad, desafía tu intelecto y te hace cuestionar todo lo que antes dabas por sentado. Requiere mucho esfuerzo y dedicación, pero cuando uno mira atrás no solo siente orgullo sino sorpresa, pues uno termina logrando mucho más de lo que creyó que podría.

Pocos saben que paralelo a la beca que recibí para Australia, gané otra beca en una de las más prestigiosas universidades de Brasil para hacer investigación en Ingeniería Genética – área que en cuestiones académicas fue mi primer amor – sin embargo, corrí el riesgo de hacer algo diferente y no me arrepiento. La gestión ambiental me permitió aterrizar el enfoque social a mis métodos científicos, y me dio las herramientas para darle una voz a quienes no la tenían.  Así, mi pasión por explorar más me permitió no solo viajar por todo el país y conocer de su cultura y experticia en investigación; sino también conocer países como Tailandia, Malasia, Singapur, Indonesia, Filipinas, Camboya y Vietnam, fortaleciendo así mi conexión con lo natural, mi deseo de generar impacto y sobre todo, devolviéndome la inspiración, dándome un nuevo ‘por qué’.

  1. Forma un equipo (no un grupo) y juntos piensen en grande

Aprendí que uno de los factores más importantes en investigación es pensar anticipadamente donde vas a estar en el futuro y tener una visión clara de cómo quieres ver ese futuro. Aprendí que el semáforo lo controla uno mismo y que si puedes soñarlo, puedes lograrlo. Los límites los pones tú.

Luego de 3 años increíbles en Australia, sentí la necesidad de volver para aplicar y compartir lo aprendido. Fue así que volví a la UCSM, esta vez ya no como estudiante sino como docente. Poco después de ingresar, el Dr. Jaime Cárdenas, quien fuera mi docente, director de escuela, decano de la facultad, asesor de tesis y hoy colega, – a quien yo llamo mi ‘mentor’ – me invitó a participar precisamente de un proyecto de investigación de gran visión y envergadura. El proyecto INNOQUA, financiado por la Unión Europea con más de 8 millones de euros tiene la visión de llevar agua y saneamiento básico a todos los confines de la tierra. Este es el sueño que compartimos los 20 socios distribuidos a lo largo de 4 continentes distintos, en el cual la UCSM orgullosamente representa a nuestro país. Mediante las tecnologías que estamos desarrollando y las plantas piloto que instalaremos en múltiples países, pretendemos generar un modelo robusto adaptable a todas las posibles configuraciones situacionales. Este verano, hemos implementados nuestras primeras dos plantas piloto en Europa, motivo por el cual desde el 1 de Diciembre del 2017 hasta el 27 de Febrero del 2018 estuve en Francia, España, Italia, Holanda y Bélgica contribuyendo en la puesta en marcha y trabajando junto a aquellos que lideran el mercado internacional de tecnologías para el tratamiento de aguas. Lo que en algún momento fue una visión, pronto será una realidad.

Por lo que nuevamente insisto, atrévanse a soñar sueños imposibles y a creer que pueden, pues en algún momento ciertamente lo harán. Recuerden, si pueden soñarlo, pueden lograrlo.

Otro de los factores importantes en el código de todo gran investigador es formar un gran equipo, y la clave para ello está en la colaboración y no en la competencia. Todos los proyectos de investigación tienen una forma de jerarquía. El investigador principal, no es el jefe sino el líder y los grandes líderes no quieren cumplimiento solamente, quieren verdadera emoción, genuino entusiasmo, compromiso real. Un buen líder no solo se ganará la mente de sus colaboradores, se ganará su corazón, no dará ordenes, escuchará las voces de quienes están alrededor. Por eso, rodéate de quienes compartan tu ‘por qué’, y crean en lo que estás tratando de lograr y empodéralos, muéstrales tu apoyo y confianza y lograrán más allá de lo esperado.

Pocos meses luego de volver a la UCSM, junto a mis estudiantes de Ingeniería Biotecnológica e Ingeniería Ambiental comenzamos a desarrollar diversos proyectos de investigación con el objetivo de postular a fondos concursables internos y externos. Se conformaron los equipos y creíamos en las ideas, pero lo más importante, en las personas detrás de dichas ideas. Los proyectos se formularon, se concursó y a la fecha me encuentro trabajando en 6 proyectos de investigación, de los cuales 2 proyectos poseen fondos externos, 1 con fondos internacionales y 1 con fondos nacionales, 2 proyectos con fondos internos, 2 proyectos bajo el formato de creación de capacidad con semilleros de investigación. A su vez, se tienen 7 proyectos en postulación actual, 1 a fondos internacionales, 2 a fondos nacionales y 4 a fondos internos.

Así también, actualmente me encuentro asesorando 6 tesis de pregrado y uno de los factores clave para mí es crear ambientes donde mis estudiantes se sientan parte de un equipo, muy diferente a una simple relación tesista – asesor.

El verano pasado nuestro país sufrió una de las crisis más grandes en su historia con el Niño Costero, el cual puso en evidencia nuestras vulnerabilidades y a su vez, puso a prueba nuestra capacidad de respuesta. Quería hacer algo y a su vez darle un enfoque más aplicativo a mi curso de Análisis y Gestión de Riesgos Ambientales, así que aposté por mis estudiantes y no me equivoqué. Fue un proceso de empoderamiento donde los resultados finales excedieron las expectativas incluso de ellos mismos. En pocos meses se había logrado realizar diagnósticos de riesgo, diseñar herramientas tecnológicas, recolectar ayuda, realizar campañas de sensibilización, programas de reforestación, conseguir colaboración tanto gubernamental como no gubernamental. El éxito nunca fue mío, fue del equipo que lo hizo posible.

  1. Genera impacto

Si quieres ser un investigador. Lo que realmente estás tratando de hacer es generar impacto. Los resultados que logras con cada proyecto tienen impacto en el mundo.

Actualmente, junto a un extraordinario equipo de profesionales, hemos asumido el compromiso de ir más allá y hacer algo diferente. Por motivos de propiedad intelectual y acuerdos de confidencialidad aún no me es posible revelar mucha información al respecto, sin embargo, se trata del proyecto más grande y de mayor significado del que haya participado hasta el momento e implica el trabajo con comunidades, recursos genéticos y un impacto internacional. Esperamos tener pronto grandes noticias que compartir. Este trabajo implicó salir de nuestra zona de confort,  asumir retos y arriesgarnos, y  precisamente  la pregunta  básica al iniciar fue

¿Qué haríamos si no tuviéramos miedo?

La respuesta fue este proyecto. Espero poder contarles pronto sobre esto, pero hasta entonces quiero dejarlos con la misma pregunta que lo motivó, ¿Qué harían si no tuviesen miedo? No se engañen pensando que no pueden, que la meta está muy lejana o que el camino será muy complicado.

Generar impacto implica ser valiente, se requiere de gran valor para ir en contra de la corriente y ser un visionario. Hacer investigación se trata de tomar el camino menos andado y de hacer no lo que es fácil sino lo que es correcto. Finalmente, generar impacto implica dejar un legado. Si tus acciones crean un legado que inspire a otros a soñar más, aprender más y a investigar más, entonces lo has logrado.

Para terminar, recuerden siempre que lo importante no es lo que han hecho sino en quien se han convertido. Dondequiera que el camino que escojan los lleve, recuerden que lo único más grande que sus sueños debe ser el coraje y valor para hacerlos realidad.


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